Bale, Di St¨¦fano y la verg¨¹enza
Quien m¨¢s, quien menos, se ha venido arriba en una celebraci¨®n. Y es en ese estado de exaltaci¨®n emocional cuando no calibramos bien los riesgos de nuestros actos. Hay quien siente el arrojo de cruzar l¨ªneas rojas en las cenas de empresa, otros que se sueltan los grilletes y tiran de sinceridad extrema o, incluso, los hay que posan en plena carcajada con una bandera burlona hacia el club que le paga despu¨¦s de clasificarse para la Eurocopa, como hizo Bale el martes. Da la sensaci¨®n de que el gal¨¦s no sabe medir en los festejos. Acu¨¦rdense de que hace un a?o y medio, quiz¨¢s envalentonado por dar la Decimotercera al Madrid con dos goles, se anim¨® a lanzar un ¨®rdago al club en plena fiesta. Desconozco si la intenci¨®n de Bale al fotografiarse con el ya c¨¦lebre "Gales, golf, Madrid. En ese orden" era burlarse del club, de Mijatovic, de la Prensa o ni sab¨ªa lo que estaba escrito en esa bandera. Hay un abanico de opiniones y s¨®lo lo sabe ¨¦l. Lo que s¨ª evidencia esta pol¨¦mica, y las ¨²ltimas, es que el desapego del de Cardiff con el Real Madrid es flagrante.
El jugador a¨²n encuentra defensa en el club. "La Prensa se ceba con ¨¦l y es normal que estalle", argumentan. Ese intento de dibujar a Bale casi como la Juana de Arco que interpret¨® de manera magistral Mar¨ªa Falconetti no cuela. Los l¨ªos llevan envolvi¨¦ndole desde que lleg¨® al Madrid, pero ya ni se preocupa de medir sus gestos para calmar el ruido. Su ¨²ltimo a?o es una continua muestra de falta de compromiso: se fue en mitad de un partido del Madrid ante la Real cuando iba perdiendo; se march¨® en su coche y no en el autob¨²s del equipo tras perder en Vallecas; fue ¡®cazado¡¯ ri¨¦ndose en el banquillo mientras sus compa?eros perd¨ªan contra el Betis y jugando al golf cuando el Madrid disputaba en verano un encuentro contra el Bayern; lleg¨® tarde al partido contra el Brujas (no estaba convocado); en el Real Madrid-Legan¨¦s se fue antes de acabar el partido (minuto 82) y no debieron importarle las cr¨ªticas porque cuatro d¨ªas despu¨¦s, ante el Betis, tambi¨¦n abandon¨® el estadio con el partido en juego; se lesion¨® con Gales, prohibi¨® al club emitir sus partes m¨¦dicos y despu¨¦s de casi un mes sin entrenarse con el Madrid jug¨® sin ning¨²n problema con su selecci¨®n. En ese orden.
Ser¨¢ Zidane quien deber¨¢ decidir qu¨¦ hacer con Bale este s¨¢bado ante la Real. Si le incluye en la lista, el gal¨¦s regresar¨¢ al Bernab¨¦u un mes y medio despu¨¦s (su ¨²ltimo partido fue el 4-2 al Granada del 6 de octubre) y volver¨¢ a someterse al juicio de la afici¨®n. Recuerdo haber le¨ªdo a Jorge Valdano una an¨¦cdota con Alfredo Di St¨¦fano acerca de la verg¨¹enza deportiva. Durante un partido, rememor¨® Valdano, Don Alfredo comenz¨® a impacientarse en el palco al ver la poca participaci¨®n de un jugador en el juego del equipo y desempolv¨® de su privilegiada memoria lo siguiente: "Cuando yo pasaba diez minutos sin tocar la pelota, miraba a la tribuna y me preguntaba qu¨¦ estar¨ªa pensando toda esa gente de m¨ª". Un ejemplo de ¨¦tica, compromiso y respeto al aficionado. En cambio, Bale mira a la grada seis a?os despu¨¦s de llegar y sigue sin entender d¨®nde est¨¢. Tras la ¨²ltima tormenta, ser¨ªa conveniente una conversaci¨®n seria entre el gal¨¦s y el club, Zidane y los capitanes. En ese orden.