El f¨²tbol en los tiempos del hambre
Como volvan os tempos da fame?¡¯ rezongaba a modo de advertencia mi abuela al ver que despreci¨¢bamos la corteza del pan tras haber devorado las cuatro onzas de chocolate Dolca que hab¨ªa colocado en su interior. Y entonces nos hablaba de los a?os de posguerra y escasez, de los tiempos de miseria, nos reprend¨ªa por lo mal acostumbrados que est¨¢bamos, y conclu¨ªa siempre con aquel refr¨¢n que a¨²n me persigue. ¡®D¨ªa de todo, v¨ªspera de nada¡¯.
Curiosamente en el Bar?a los tiempos del hambre no fueron los de la posguerra si no que empezaron con el desarrollismo. Desde el 60 al 74 una Liga, del 74 al 85 otra. Una cadencia de m¨¢s de una d¨¦cada entre t¨ªtulo y ba?o en canaletas.
Joaqu¨ªn Mar¨ªa Puyal debi¨® recordar esos tiempos de hambruna cuando cant¨® emocionado en Zorrilla aquello de ¡®Urruti t¡¯estimo¡¯ al detener el guardameta azulgrana un penalti postrero y conquistar con sus guantes la Liga de ese ecuador de los ochenta. Aunque el t¨ªtulo se empez¨® a ganar en la primera jornada de liga, con un 0-3 en el Bernab¨¦u, y para esa cita primaveral en Valladolid ya estaba virtualmente en el zurr¨®n, el hambre acumulada no permit¨ªa dejar para ma?ana lo que se pod¨ªa comer hoy.
Al a?o siguiente, obsesionados ¨²nicamente por la m¨¢xima competici¨®n continental, miramos con cierta desgana una Liga que se acab¨® llevando el Madrid, despreciamos la final de Copa ante el Zaragoza como si fuese una corteza de pan duro, y la llorada Copa de Europa se nos atragant¨® en Sevilla como una onza de chocolate. Efectivamente: d¨ªa de todo, v¨ªspera de nada.
A los 90 llegamos de nuevo con m¨¢s hambre que un flecha de campamento, que dec¨ªa la canci¨®n de la Oje. La Copa del Rey de Valencia ante el Madrid pentacampe¨®n de Espa?a fue el aperitivo de las cuatro Ligas ganadas de una tacada. No nos empachamos porque la primera son¨® a novedad y las otras tres fueron regalos inesperados que nos hicieron desde la periferia tinerfe?a y coru?esa. Y tambi¨¦n porque Cruyff es lo m¨¢s parecido a un Dios que ha tenido la religi¨®n azulgrana. No por casualidad la historia del Bar?a, como la humanidad, se divide en dos eras: Antes de C. y Despu¨¦s de C.
Con la llegada del m¨¢s querido de sus ap¨®stoles, que ahora se dedica a predicar el evangelio Cruyffista en las nubladas tierras brit¨¢nicas, el Camp Nou vivi¨® a?os de abundancia, igual que sucedi¨® en Egipto tras el sue?o b¨ªblico de Josu¨¦. Las siete espigas gordas y las siete vacas robustas que so?¨® el copero del fara¨®n vienen a ser las siete ligas que en los ¨²ltimos diez a?os habr¨¢ sumado el Bar?a. A?¨¢danle tres Copas de Europa y seis del Rey.
En la segunda parte de ese sue?o Josu¨¦ vislumbr¨® tambi¨¦n siete espigas consumidas y siete vacas esmirriadas, lo que permiti¨® a los precavidos administradores del fara¨®n llenar las despensas y no despreciar ni una fanega de trigo ante los tiempos de escasez que se avecinaban.
Tras la cruel eliminaci¨®n europea en Roma, el barcelonismo corre el riesgo de caer en el desd¨¦n, como si despu¨¦s de haber saciado el est¨®mago durante una d¨¦cada hubi¨¦semos olvidado el transitar de los sesenta a los noventa, 30 a?os en los que pasamos m¨¢s hambre que un maestro de escuela.
A la espera de que los actuales administradores del Bar?a vuelvan su vista a las ense?anzas que nos dejaron Cruyff y Guardiola, ser¨ªa recomendable que los jugadores no desde?asen ninguna porci¨®n de la actual cosecha. Esta noche hay en juego un hist¨®rico doblete. Los que tenemos algo de memoria y bastante hambre atrasada no dejar¨ªamos ni las sobras sobre el mantel.