Eberl, el Rey Midas de Gladbach
Hace ya m¨¢s de una d¨¦cada que el ex zaguero del club renano se hizo cargo de la direcci¨®n deportiva de un club que no pasaba por el mejor momento de su centenaria historia.
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El hist¨®rico de Alemania con el nombre impronunciable, el Borussia M?nchengladbach, se ver¨¢ las caras con el Real Madrid y el gran culpable de ello es Max Eberl. Hace ya m¨¢s de una d¨¦cada que el ex zaguero del club renano se hiciera cargo de la direcci¨®n deportiva de un club que no pasaba, precisamente, por el mejor momento de su centenaria historia. En 2010, el descenso estaba m¨¢s cerca que nunca. Eberl destituy¨® al m¨ªster, Michael Frontzeck, y, finalmente, logr¨® la salvaci¨®n de la mano de Lucien Favre. ¡°En aquel entonces, nos separaban galaxias de Europa¡°, dijo Eberl hace poco en una entrevista al rotativo alem¨¢n Der Spiegel. Diez a?os m¨¢s tarde, es una realidad.
Que as¨ª fuera, es obra de Eberl. El b¨¢varo se convirti¨® en director general del Gladbach, pero sigui¨® al frente del ¨¢rea deportiva, desde donde logr¨® impulsar al club con una serie de fichajes que no solo subieron considerablemente el nivel de la plantilla, sino tambi¨¦n dotaron a los Fohlen de un mayor margen de maniobra en lo econ¨®mico. Jugadores como Reus, Xhaka o Ter Stegen crecieron de la mano de Eberl y dejaron un r¨¦dito importante en el Borussia Park, que fue clave a la hora de volver a encontrar su sitio entre los grandes de la Bundesliga. ¡°La labor de Max, ante todo en el mercado, es extraordinaria¡°, dijo el propio Ter Stegen.
M¨¢s m¨¦rito tiene la capacidad de la cabeza visible del Gladbach a la hora de reinventarse a?o tras a?o. La marcha de jugadores como Raffael, Dante o Kruse dej¨® un vaci¨® en el oeste de Alemania que el art¨ªfice del Borussia moderno supo llenar. Llegaron futbolistas como Plea, Sommer y, quiz¨¢, su ¨²ltimo gran acierto, el entrenador Rose para mantener al equipo arriba e, incluso, meterlo en la Champions. ¡°Una plantilla es como un puzzle. Tiene que haber de todo. Zurdos, diestros, jefes de tribu y soldados¡°, explica Eberl. De momento, las piezas siguen encajando.