REAL MADRID 2 - JUVENTUS 1
Cristiano quiere esta Champions
El portugu谷s hizo los dos goles de un Madrid con luces y sombras. La Juventus fue un enemigo de gran altura pese a jugar casi un tiempo con diez. Benzema volvi車 a fallar.

Intenso es poco. Durante la primera mitad el encuentro fue fren谷tico, extenuante, un di芍logo a sartenazos. Hab赤a mucha belleza en esa brutalidad de partido y el Madrid lo gan車 en buena lid. Despu谷s se cruz車 Chiellini para disparar al pie de la Juve y el duelo se transform車 en otra cosa, probablemente m芍s vulgar o necesariamente m芍s reposada. Nada que desluzca el resultado, o la clasificaci車n del Madrid. Nada que empa?e lo vivido, ni el recuerdo de un Bernab谷u tan espl谷ndido con los suyos como con los rivales. Algo ha cambiado y est芍 en el aire.
El choque no se guard車 nada. Sali車 desbocado. A los dos minutos, Casillas evit車 el gol de Marchisio con una palomita de p車ster. La contestaci車n fue inmediata: Di Mar赤a recort車 de fuera a dentro, fingi車 tirar, arrastr車 a la defensa y asisti車 a Cristiano como tantas veces hizo con Higua赤n. La ejecuci車n del can赤bal tampoco tuvo desperdicio. En esa 迆ltima frontera a la que otros llegan exhaustos y desmadejados, Cristiano se present車 con tiempo de pensar y amagar, con aliento para ver caer a Buffon y marcar despu谷s, como si fuera f芍cil.
En ese prefacio, Di Mar赤a y Cristiano se repartieron los honores. Presionaban, robaban, insist赤an y corr赤an como fugitivos. Para empezar a respirar, la Juve se tuvo que liberar de ellos como quien se arranca un chicle de la suela del zapato. De inmediato se comprob車 que la Juventus sabe jugar, que es campe車n de Italia por algo (los dos 迆ltimos a?os), que le sobra el talento. Por momentos, sus avances parec赤an s車lo hermosos. Luego se vio que tambi谷n eran asesinos. T谷vez tom車 entonces el protagonismo. Desde la mediapunta lo control車 todo: reparti車, indag車 y prob車 tiros por ambas escuadras. Se le fueron por poco.
Cada acci車n le arrancaba un jir車n a una espinillera. Cada contacto daba para encender un cigarrillo. No exist赤a la menor contemplaci車n. En los dos equipos hab赤a un modo casi rob車tico de volver a empezar, de correr y de atacar. Los avisos de la Juve fueron el anuncio del gol italiano. C芍ceres centr車 pasado (como siempre), Pogba cabece車 en el segundo palo y el rechace de Casillas lo reba?車 Llorente. El golpe fue duro, pero ofrec赤a un consuelo: ning迆n pu?al duele menos que los que clava Llorente, ese amor plat車nico del madridismo.
La alegr赤a de la Signora dur車 apenas cinco minutos. Transcurrido ese intervalo, Chiellini fue v赤ctima de su naturaleza patibularia. A los defensas tan agresivos, cuando les falla el f赤sico, s車lo les queda la agresividad. Sin velocidad, se quedan en matones. As赤 se explica el absurdo agarr車n a Sergio Ramos en una falta sin peligro aparente. Todav赤a no sabemos qu谷 fue mayor: si la torpeza o el descaro. Cristiano marc車 el penalti y devolvi車 al Madrid a una situaci車n de superioridad futbol赤stica y psicol車gica.
De vuelta del descanso, a los dos minutos, descubrimos que Chiellini no hab赤a expulsado todos sus demonios; todav赤a le quedaban media docena. Enfrentado a Cristiano, no tuvo otra ocurrencia que lanzar un brazo contra su cara. No s車lo vio la roja directa; resquebraj車 el esquema de su equipo y provoc車 la sustituci車n de Llorente, despedido entre aplausos y cartas de amor.
La Juventus estuvo groggy en varios tramos. Sin embargo, el Madrid no termin車 de derribarla. La ocasi車n m芍s clara la desperdici車 Benzema bajo palos, al recibir un magn赤fico pase de Arbeloa, estupendo toda la noche. El error fue inaudito y culmin車 penosamente una actuaci車n m芍s que discreta.
El contraste se hizo m芍s evidente cuando entr車 Morata al campo. Al instante, sali車 el sol. El primer bal車n que toc車 fue un remate entre palos. Sus otros movimientos fueron verticales y entusiastas, pero no atolondrados, porque el chico sabe manejarse. Hasta dir赤a que tiene clase y otras virtudes por relevar.
Si la Juventus no se afligi車 es porque entendi車 el marcador como un 谷xito. Encontrarse a un gol del empate, en tan mala noche, fue su est赤mulo hasta el 迆ltimo segundo. Incluso en eso fue generoso el partido. Tuvo para todos. Pirlo fue despedido entre aplausos (el Bernab谷u es esto), Vidal exhibi車 pulmones (tres o cuatro) y Bale recibi車 el cari?o del p迆blico en su 迆nica internada.
El Madrid est芍 virtualmente clasificado para los octavos, pero no resulta aventurado decir que la Juventus volver芍, aunque ya por otra carretera. La victoria no s車lo importa por los puntos. Sirve por la energ赤a que se arrebata al contrario, por la fuerza heredada del enemigo. No s車lo eran los indios. Los vikingos tambi谷n cre赤an en estas cosas.