La insoportable susceptibilidad del ser
Cuenta la an¨¦cdota, probablemente ap¨®crifa, que cierto periodista que hab¨ªa pactado una entrevista con Julio Cort¨¢zar en su domicilio, al abrirle el escritor la puerta, le vio tan joven que descart¨® que fuera ¨¦l y supuso que ser¨ªa alg¨²n hijo suyo.
¡ª?Est¨¢ tu padre en casa?¡ª pregunt¨®.
A lo que Cort¨¢zar, que no tuvo descendencia, respondi¨®: ¡ªMi padre soy yo.
Yo soy ocurrente, pero tarde. S¨®lo pasadas las semanas me viene la r¨¦plica perfecta para aquello que me dijeron tiempo ha. Pero a veces, pocas, tengo mis momentos. Un d¨ªa que una conocida me vio en la calle con varios tebeos reci¨¦n comprados bajo el brazo y exclam¨®: "?No sab¨ªa que ten¨ªas hijos". Parafrase¨¦ a Cort¨¢zar contestando: ¡ªMi hijo soy yo.
Y no ment¨ªa. Leer tebeos es una de esas aficiones que me retrotraen a la infancia. Para uno, que se dedica a juntar letras, es maravilloso poder leer a veces sin la menor trascendencia. No digo que los c¨®mics no la tengan, que no sean arte, que a trav¨¦s de ellos no se pueda expresar el ser. Lo que afirmo es que es un lujo poder leer sin la presi¨®n del ex¨¦geta, sin mayor pretensi¨®n que distraerse un rato, y que eso me sucede sobre todo con las vi?etas.
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Tambi¨¦n merece vivir as¨ª de vez en cuando. Dejar la trascendencia para otro momento. Posponer las preguntas sobre el sentido de la vida y esas cosas. Especialmente, en estos tiempos de fin de mundo. Para ello, a m¨ª me ha servido tambi¨¦n ser hincha. La grada me ha dado, sobre todo, alegr¨ªas. Celebrar un gol es vencer al sinsentido de la vida. Los tres puntos de un partido ayudan a suturar heridas existenciales. Por eso me asusta un poco la susceptibilidad del hincha en la actualidad. Los discursos son fatalistas. Vivimos momentos en los que ser es estar enfadado. Hasta el l¨ªder de la Liga parece atravesar la crisis del siglo. Deber¨ªamos dejar de ser tan insoportablemente susceptibles y recuperar la alegr¨ªa de este juego. Que vuelva la celebraci¨®n de las victorias parciales, los goles preciosos que s¨®lo maquillan un resultado, las jugadas infructuosas y, ojal¨¢ de nuevo pronto, el juntarnos para, como dicen en Argentina, pasarla bien.