Gerard Piqu¨¦, en el centro del equ¨ªvoco
La Selecci¨®n se concentr¨® en Las Rozas y con estrepitosa falta de tacto celebr¨® un entrenamiento a puertas abiertas. En condiciones normales, son tan de agradecer como escasos. ?ste estaba previsto como de puertas abiertas por ser el primero. Pero dada la situaci¨®n de Piqu¨¦, su pronunciamiento en la jornada del 1-O, hubiera sido prudente hacerlo a puerta cerrada. A nadie se le ocurri¨®, no quiero pensar que a quien corresponda le pareci¨® mejor que ocurriera lo que ocurri¨®. Lo que ocurri¨® fue que Piqu¨¦ tuvo que escuchar bastantes insultos. Incluso hubo una pancartilla contra ¨¦l, que la Guardia Civil, por cierto, hizo retirar.
Lopetegui, que es hombre de talento, est¨¢ ante un trance dif¨ªcil. Ahora no se trata de las impertinencias de Piqu¨¦ contra el Madrid, tema relativamente inofensivo, al fin y al cabo. Esos arreones suyos no dejaban de ser gamberradillas del tipo de aquellas anteriores de Mourinho en la direcci¨®n opuesta. Pero su posicionamiento ante los hechos del 1-O, que han dejado tantas ronchas, es de otro orden. Por primera vez, Sergio Ramos no dijo nada en su incorporaci¨®n al grupo. Lleg¨® prudentemente tarde, con ese fin. Lopetegui provoc¨® una reuni¨®n exhortando a todos a la unidad, pero encontr¨® un ambiente raro. Vivimos d¨ªas dif¨ªciles.
Como dif¨ªcil es descifrar a Piqu¨¦. Hasta ahora le hab¨ªa tenido por un fr¨ªvolo exhibicionista que lanzaba chanzas contra el Madrid como brindis al sol, con visible oportunismo. Titulares para recolectar adeptos entre lo m¨¢s travieso del barcelonismo. Pero su alegato del domingo, conmovido hasta la l¨¢grima por esta ruptura que estamos viviendo, se sale de ese clich¨¦. Algo tiraba de ¨¦l para un lado, algo le hac¨ªa sentirse parte del otro. En esa tensi¨®n viven muchos otros en Catalu?a. Ser¨ªa fatal que las tensiones del momento le hicieran saltar de la Selecci¨®n. Claro, que ¨¦l contribuir¨ªa a enfriar tanta tensi¨®n si estos d¨ªas se contuviera con sus tuits.?